Hay
muchos factores básicos que ayudan a revertir el envejecimiento,
haciendo este proceso menos notorio en nuestro cuerpo (no lo
ralentiza, ya que los años pasan). La alimentación es lo más
vital, libre de alimentos procesados, grasas saturadas, azúcar y
harina refinada…, y el consumo de fruta, verdura, carnes magras
–como el pescado y pavo-, y preferiblemente, alimentos que no
contengan químicos, es decir, que provengan de agricultura
ecológica. Es muy importante también dejar de lado las bebidas
azucaradas y beber mucha agua. Otro dato a destacar, es realizar
ejercicio físico, a ser posible, a diario (o como mínimo 3 veces
por semana), ya que con ello ayudamos a que nuestro cuerpo esté
fuerte y saludable, aparte de estar en buena condición física. Un
factor fundamental es dormir bien, al menos 8 horas diarias, porque
hace que nuestro cuerpo descanse de todas las actividades, y provee
energía a tu cuerpo. También tenemos que evitar el estrés y
sobretodo no consumir bebidas alcohólicas, evitar el tabaco y en
general todas las drogas.
El envejecimiento celular consiste en la pérdida progresiva de la potencialidad de las células y del organismo. Se sabe que un organismo está envejeciendo cuando disminuye su vitalidad y cuando aumenta su vulnerabilidad (cuando es más débil), ya que algunas funciones celulares empeoran y de deterioran a medida que van cumpliendo años. Las células envejecidas tienen una capacidad considerablemente reducida para absorber nutrientes o repara el daño de lesiones cromosómicas. La vida humana se divide en dos partes: el crecimiento (o desarrollo) y senescencia (o envejecimiento). La senescencia celular es el proceso el cual responde al estrés o al daño causado a una célula, aunque establece una ruta alternativa a la muerte celular. La senescencia es un proceso parecido al del envejecimiento.
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